viernes, 12 de abril de 2013

Aprendiéndome

Límite; no te hundas; despójate; + experiencias nuevas; + "riqueza" de espíritu; + x + = +; - x - = +; nunca entendí eso de las ciencias "exactas", negativo y negativo en conjunto forman positivo; solo puedo separar en términos en menos y en más; qué hay si quiero separar en multiplicación. Qué lejana es la matemática mediocre y mentirosa que te enseñan, de la vida para la que "te forman" esas mismas personas que te imponen el estudio de esa materia y tantas más. Fuera de ese ámbito yo aprendí que todo se puede separar en términos, a cualquier altura, siempre se puede poner pausa y desmenuzar hasta el final cada pequeña cosa y, así ver, que es medio cierto que "todos los caminos conducen a Roma (a Canoa, a Colonia Suiza o a Potosí, indistintamente)".
Qué me limita? Qué me frena? Siempre que desmenuce cada respuesta que puedo encontrar, la partícula que queda luego de discriminar, está teñida de miedo ("todos los caminos conducen a miedolandia?"). Asumo que hay ciertas palabras que existen porque en algún momento se quiso materializar en palabras determinada situación, evento o sensación. Alors, sino existiera esa palabra por ahí ese hueco en el idioma extendería mucho la brecha entre ese concepto y el ser humano portador de ese lengua. Quién habrá sido el mediocre que inventó la palabra límite? Ingresa en mi pequeño ranking de personas no deseadas, con el creador de las armas y con el del despertador. Si en mi lengua no existiera la palabra límite probablemente TE estaría buscando YA. Aunque si de reales suposiciones se trata lo más probable es que al no poder frenarme ese ya inexistente límite, me frenara el miedo. Llegando a la conclusión de que el verdadero problema soy yo y tengo que tachar de la lista al pobre creador de la palabra. Asumo entonces que, como siempre, nunca conviene esconder las cosas (los conceptos en este caso) abajo de la alfombra y hacer como que no existen, sino que para beluevolucionar necesito verlos de frente y superarlos, pararme encima de ellos y actuar más allá (libro patético de autoayuda).
Hoy estoy cansada para eso. Detesto mucho que me condicione el lugar, pero realmente hoy Buenos Aires me frena o, mejor dicho, no alimenta mis ganas de superarme en nada, o aumenta mi miedo a frustarme, o que me frustres, y por ahí es mejor simplemente recostarme y desparramarme en la comodidad de las cosas que aquí nunca cambian. Lo nuevo lo buscaré afuera. Qué asco me voy a dar a mi misma cuando relea esa frase. La dije como por lo bajo para que pase desapercibida. Belén te levantaste patética, insegura y queriéndote poco. Mejor seguí leyendo tu libro.

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